Si me tuviese que quedar en este mundo con algo relacionado con la moda sería sin duda unos zapatos de tacón.Cierto que hay que hacer mil equilibrios para no caerte en las aceras maltrechas de la ciudad; cierto que correr con ellos es una hazaña increíble por la que intentamos no pasar; cierto también que después de unas horas dejas de pensar si tienes calor, frío, estás triste, tienes hambre o mil cosas más porque tu único pensamiento son tus pies; cierto también que pueden provocar lesiones en la espalda, las rodillas, los tobillos y los pies...pero a mí me encantan.
Cuando te pones unos bonitos tacones no importa nada en este mundo, sólo importa lo alta y lo bien que te sientes. Es como si subieses a la siguiente categoría de la seducción. Y es que no sólo es que el zapato en sí sea bonito, es que tus piernas ganan mucho con unos tacones que estilizan los gemelos y en general las piernas. Y no solo eso, la forma de caminar es diferente, es mucho más bonita, elegante y sexy (menos para la que nunca se los ha puesto en la vida o la que ya lleva varias horas sufriéndolos). Y una ventaja más de la que no debemos fiarnos mucho...un estudio publicado en The Times afirmaba que el zapato alto ayuda a reforzar los músculos pélvicos. No hace falta que os cuente en qué nos puede beneficiar eso al género femenino.
Creo que es algo más que psicológico, va más allá, es sentirte guapa aunque sea por un rato. Excepto en contadas ocasiones a mí me merece la pena ese rato, y si somos realistas, las chicas pasan por mil sufrimientos peores para conseguir ese estado interior.
Hace pocos días un amigo me dijo que lo más bonito y más sexy eran unos pies descalzos andando por el suelo de su casa. Supongo que para gustos hay colores y en cada ocasión se requiere un estado diferente para nuestros pies. Yo creo que para estar descalza andando por la casa de alguien hay tiempo, pero antes..¿por qué no unos tacones?















